A Puerto Rico (Ausencia), José Gautier Benítez

La poesía dirigida al país de origen de un autor, sea el que sea, es algo muy habitual en muchos escritores. Normalmente siempre se dan varios puntos de vista, entre los que destacan el positivo, ensalzando la historia, la parte social, económica y folklórica del país, además de sus recursos, así como la parte familiar, etcétera.

Pero también existe la parte negativa en la que se critica duramente no el propio país, sino la situación política o social. En este caso el poeta se dirige al lector para ensalzar la belleza de su patria, Puerto Rico. Lo hace elogiando no solamente la isla en sí, sino a sus gentes, sus paisajes y todo lo que puede ofrecer a quien hasta allí se desplaza.

La imagen del país es la de crestas blancas, palmeras y el mar. El blanco de la espuma de las olas rompiendo en la costa y la playa recuerda las gaviotas en la orilla. El poeta echa de menos la tierra aunque la lleve en el corazón. Está al otro lado del océano, en Europa, y siente que todo es distinto.

El lugar, con sus montes y niebla, le impiden ver más allá, como cuando veía el infinito de este Puerto Rico. Su forma de sentirse mejor es recordando su patria. La hecha en falta y el amor hacia esta surge cuando recuerda el tamaño de la isla, pequeña, semejante a una pequeña barca.

Para el poeta, el que nace allí, si se aleja, no puede evitar extrañarla. Recuerda sus aromas y los sonidos del viento. Como una isla, el mar la rodea y el poeta cree que es por qué no quiere compartirla con ningún otro lugar por hermosa y única. Extraña su patria y la ama profundamente. No poder estar allí le hace sentir celos de los que si la disfrutan.

Su amada se encuentra en Puerto Rico y la quiere por ser de la isla. La isla es bella por ella y por lo que ofrece por ella misma y sus recursos (perlas). Para él es la tierra prometida donde se posó la paloma tras el diluvio. Hasta que no se fue, no supo lo que era amar de verdad a su país. Hoy es un lugar maduro y moderno. El poeta es un patriota y es consciente de su amor. Él está en España y daría lo que fuera por volver a su tierra.


Nota de Susana Marín. Ene. 2015

Poema original: A Puerto Rico (Ausencia)

Puerto Rico, patria mía,
la de blancos almenares
la de los verdes palmares,
la de la extensa bahía;
¡Qué hermosa estás en las brumas
del mar que tu playa azota,
como una blanca gaviota
dormida entre las espumas!
En vano, patria sin calma
muy lejos de ti, suspiro;
yo siempre, siempre te miro
con los ojos de mi alma;
En vano me trajo Dios
a un suelo extraño y distante;
en vano está el mar de Atlante
interpuesto entre los dos;
En vano se alzan los montes
con su manto de neblina;
en vano pardas colinas
me cierran los horizontes;
Con un cariño profundo
en ti la mirada fijo:
¡Para el amor de tu hijo
no hay distancias en el mundo!
Y brotas a mi deseo
como espléndido miraje,
ornada con el ropaje
del amor con que te veo.
Te miro, sí placentera
de la isla separada,
como una barquilla anclada
muy cerca de la ribera.
Do el viento sobre las olas
te lleva en son lastimero,
del errante marinero
las sentidas barcarolas;
Y céfiros voladores
que bajan de tus montañas,
los murmullos de tus cañas,
los perfumes de tus flores.
El mar te guarda, te encierra
en un círculo anchuroso,
y es que el mar está celoso
del cariño de la tierra;
Y yo patria que te quiero
yo que por tu amor deliro,
que lejos de ti suspiro,
que lejos de ti me muero.
Tengo celos del que mira
tus alboradas serenas,
del que pisa tus arenas,
del que tu aliento respira.
Tú das vida a la doncella
que inspira mi frenesí,
a ella la quiero por ti,
y a ti te quiero por ella.
Ella es la perla brillante
en tus entrañas formada,
tú la concha nacarada
que guarda la perla amante.
Es paloma que en la loma
lanza su arrullo sentido,
y tú, patria eres el nido
donde duerme la paloma.
Si yo te vi indiferente
si mi amor no te decía,
¡¡ay patria yo no sabía
lo que es el llorar ausente!!
Mas hoy que te ven mis ojos
de tu mar entre las brumas,
como una ciudad de espumas
forjada por mis antojos;
Hoy que ya sé lo que vales
hija del sol y del viento
que helarse mi sangre siento
con las brisas invernales;
Hoy diera, en la tierra hispana,
el oro que el mundo encierra,
por un puñado de tierra
de mi tierra americana.