Que tanto y tanto Amor se pudra, oh Dioses…, Eduardo Lizalde

El poeta pide a la divinidad que el amor deje de existir, que ese sentimiento sea devorado, arrasado como si se tratara de una plaga. Desea que, de la misma forma que la salitre mata a una planta, el desamor lo anegue todo. Odia la sexualidad y la ve como una acción que debe desaparecer.

Este odio al amor llega incluso al deseo de matarlo físicamente, como se matan las aves disparándolas. Quiere que rechacemos el amor y la transformación que produce en nosotros. Para el poeta, este sentimiento nos anula, nos atonta y nos vuelve animales sin juicio. No quiere ni que se acerque el amor a su vida y tampoco a la de los demás. Para el poeta, que se dirige a los dioses, esto es lo peor que podría pasarle al ser humano, al mundo.

Este es un poema en el que el sentimiento de odio al amor está llevado hasta sus últimas consecuencias. Parece que el protagonista de este poema ha sufrido un desengaño amoroso y ha sido tan traumático que echa la culpa de todos los males a ese sentimiento, al amor. De ahí que se dirige a los dioses para que intercedan por él y hagan realidad ese deseo de acabar con todo lo que signifique un sentimiento de afectividad a otro ser humano.

No sabemos realmente lo que ha ocurrido, las razones de ese deseo. Lo que sí está claro es que el protagonista del poema desea que vivamos en una sociedad insensible, fría y en la que cualquier tipo de sentimiento de cercanía, amor, desde cualquier punto de vista, desaparezca. Además, también se centra en la parte más física y sexual de este sentimiento.

Así, también desea acabar con ese intimidad física que implica el amor entre una pareja o simplemente entre dos personas que desean estar juntas y compartir un tiempo juntas. Desea castrar ese sentimiento definitivamente no solamente en él mismo, sino también en el resto de la humanidad. Para el protagonista de este poema es un sentimiento a erradicar, como si fuera algo negativo, una enfermedad, una especie de plaga que es necesaria extirpar del ser humano para salvarle.


Nota de Susana Marín. Ago. 2015

Poema original: Que tanto y tanto Amor se pudra, oh Dioses…

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho, se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.