El Sudor, Miguel Hernández

Estamos frente a un poema de temática social en el que, a diferencia de otros poemas similares, se ensalza las virtudes de los que menos recursos tienen. Es una España en la que la agricultura es el motor de la economía del país y, al mismo tiempo, un trabajo poco remunerado y con pocas perspectivas de que las personas que trabajan la tierra medren desde el punto social y económico.

Para el poeta, estas personas, los agricultores, son los verdaderos hombres que han hecho del país la potencia que es y el sudor es la metáfora, la imagen que mejor les representa, porque gracias a su esfuerzo, económicamente España está con la fuerza que está. El poeta, a través de sus versos, los homenajea e identifica casi como si de dioses del Olimpo o atletas ganadores de aquellos primeros juegos olímpicos se trataran.

El poeta nos sitúa frente a una imagen muy marinera, donde un hombre fuerte trabaja, suda, dando una imagen que resulta la más hermosa para el autor. El sudor es la savia corporal que está en nosotros desde antaño que representa el trabajo, la vida, al propio ser humano como representación de los agricultores que trabaja en el campo todo el año y es llanto de todos ellos al calor del sol.

Al anochecer, el sudor sobre la piel brilla y crea una imagen fantástica con los colores, todo ello fruto del esfuerzo. Para el poeta, el color de las gotas, al ser alcanzadas por el sol, aporta un tono dorado, lo que da al hombre una imagen de caballero cubierto de armadura de oro. Esta se mezcla con el olor de todos los hombres.

Gracias a su esfuerzo, el de los agricultores, el campo es alimento y olores maravillosos que se mezclan con el sudor de sus cuerpos. Los verdaderos Reyes y campeones para el poeta son ellos y no aquellos que nunca han trabajado la tierra o hecho nada. El poeta es consciente de que es muy difícil cambiar su condición social, pero para él son como poderosos dioses por su fuerza, su físico y su valor. Bajo el sol, el calor, su trabajo los hace únicos, casi como una ensoñación, como un ejército invisible e invencible.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: El Sudor

En el mar halla el agua su paraíso ansiado 1
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje. 2
El sudor es un árbol desbordante y salado, 3
un voraz oleaje. 4

Llega desde la edad del mundo más remota 5
a ofrecer a la tierra su copa sacudida, 6
a sustentar la sed y la sal gota a gota, 7
a iluminar la vida. 8

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano 9
de la lágrima, deja rodando por las eras, 10
del abril al octubre, del invierno al verano, 11
áureas enredaderas. 12

Cuando los campesinos van por la madrugada 13
a favor de la esteva removiendo el reposo, 14
se visten una blusa silenciosa y dorada 15
de sudor silencioso. 16

Vestidura de oro de los trabajadores, 17
adorno de las manos como de las pupilas. 18
Por la atmósfera esparce sus fecundos olores 19
una lluvia de axilas. 20

El sabor de la tierra se enriquece y madura: 21
caen los copos del llanto laborioso y oliente, 22
maná de los varones y de la agricultura, 23
bebida de mi frente. 24

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos 25
en el ocio sin brazos, sin música, sin poros, 26
no usaréis la corona de los poros abiertos 27
ni el poder de los toros. 28

Viviréis maloliendo, moriréis apagados: 29
la encendida hermosura reside en los talones 30
de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados 31
como constelaciones. 32

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: 33
que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, 34
con sus lentos diluvios, os hará transparentes, 35
venturosos, iguales. 36

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