Sentado sobre los Muertos, Miguel Hernández

Poema de Miguel Hernández que tiene a la guerra como temática principal del mismo, como hilo narrativo de sus pensamientos. En la primera estrofa del poema, la imagen de la guerra sólo trae muertos, como lo expresa la imagen potente de unos zapatos vacíos, que en su momento vistieron los pies de alguien que ya no está, que ha sido aniquilado.

En la siguiente estrofa, el poeta clama al cielo y desea gritar para expresar su dolor, todo lo que siente. Pero esto, como indica una nueva estrofa, hace que se ponga del lado del pueblo, del que no quiere ni puede separarse. Sus armas y su defensa son la palabra, sus arengas, pero también su sangre y su muerte si es necesario.

Continúa con la conciencia de que él nació para ser la voz del pueblo

De este modo, se expresa para contar y comunicar a todo el mundo sus desdichas, las injusticias, todo lo que lo somete. Y para ello justifica con palabras y razones el levantamiento del pueblo.

Se describe cómo el hambre ha sido una de las razones del levantamiento en armas

Las personas buscan un futuro porque son orgullosos y valientes y porque quieren acabar con aquellos que los quieren doblegar y que los someten.

En la siguiente estrofa se habla de que la lucha es necesaria y todo vale para la misma, así como para conseguir el objetivo común: la libertad y la prosperidad. La conciencia de la muerte está presente, pero más presente está el conseguir un porvenir mejor, aunque sea pereciendo en el intento.

En la penúltima estrofa, se habla de cómo en toda lucha hay muertos, héroes

Por eso la voz del poeta, sus palabras, tiene ese tono triste, mortuorio, por todos los que ya no están. El poeta es consciente de que cuando todo acabe nada importara; ni los fallecidos, ni los ideales, ni nada, sólo importará el que haya vencido.

Aunque es un tema que ya aparecen algunos de los poemas de Miguel Hernández, bien es cierto que en cada uno de ellos incide de manera diferente en una idea recurrente: la necesidad de que el pueblo se levante contra el poder con los subyuga y, al mismo tiempo, la visión realista de la muerte, de las consecuencias de ese levantamiento y de cómo el enfrentamiento lo único que deja son pérdidas irreparables y cadáveres.


Nota de Susana Marín. Jun. 2014

Poema original: Sentado sobre los Muertos

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo sostiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse:
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque le faltan las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.