El Niño Yuntero, Miguel Hernández

En el año 1910 nació en Orihuela Miguel Hernández. Este poeta se fue formando a sí mismo a partir de las lecturas de los más importantes clásicos de la literatura. Escribió desde joven pero a partir de la guerra civil española fue primero encarcelado y posteriormente condenado a muerte en el año 1940.

Este poema, así como su famoso poema Aceituneros, nos remonta a las tierras andaluzas trabajadas con esfuerzos inhumanos por las pobres ignorantes víctimas de las desigualdades sociales de su tiempo. Este poema es, quizás, mucho más desgarrador y profundo, pues traslada el sufrimiento que se palpa a un individuo en concreto que además es un niño esclavo de sus circunstancias.

El poema se compone de quince estrofas de cuatro versos octosílabos cada una. Son cuartetas y el esquema métrico es el siguiente: 8a 8b 8a 8b.

Podemos dividir el poema en tres partes fundamentalmente. La primera de estas partes se encuentra desde el verso número uno hasta el verso número 40. El poeta nos está narrando la historia de un niño que desgraciadamente nació para trabajar y no pudo saborear infancia alguna. El niño yuntero es un niño demacrado por las horas de trabajo en el campo, entre las dos mulas que más bien tiran de él y el yugo que parece que lo tiene a él cogido y no a las mulas. El niño yuntero está siendo ahorcado desde que nace por el palo de madera que sujeta su cabeza: su destino (trabajar), su vida (estiércol y tierra), y su sufrimiento (cansancio, fatiga y hambre). El poeta nos habla de todos los aspectos que conciernen a este pequeño desgraciado: analfabeto (verso 21), moribundo (versos 13 – 14 y 35 -36), agotado (verso 18 – 20) y deshumanizado (versos 33 y 34).

Desde el verso número 41 y hasta el 52 se encuentra la segunda parte de nuestro poema. El poeta ha terminado de describir la situación del infante y se sincera contándonos cómo vive él en primera persona el hecho de ser testigo de este tipo de calamidades. Él siente una espina clavada en su alma, sufre por saber cuán desgraciado es; él sabe, siente que este niño, aunque no lo exprese explícitamente, se pregunta por qué le ha tocado a él vivir esta situación tan cruel.

A partir del verso 53 tenemos la última parte del poema. En esta tercera parte Miguel Hernández plantea dos cuestiones retóricamente y aporta, de manera prudente, aquello que podría ser una solución: ¿Quién podrá ayudar a es joven? ¿Quién va a cortar las cadenas que lo atan?… “Que salga del corazón / de los hombres jornaleros” (versos 57 y 58).

El niño yuntero es un poema cargado de sentimiento, sinceridad y pena. Además su contenido, inspirado en hechos reales que el poeta presenció, está enriquecido con numerosos recursos literarios que aportan a cada verso sensibilidad y arte. Destacan: la personificación de la tierra (verso 20), la repetición de ciertos términos (versos 3 -4, 25, 29 – 30), la comparación (verso 5, 18, 37 y 41-42). Así como la hipérbole (verso 1), la alteración del orden lógico de la frase (versos 9 – 12), la derivación (verso 17), la metáfora: “el sudor de su frente / es una corona grave” (versos 22 y 23) y “revuelve mi alma de encina” (verso 44); la antítesis: “empieza a vivir, y empieza / a morir” (versos 13 y 14), y la paradoja: “trae a la vida / un alma (…) vieja ya” (versos 10 – 12).

Leer este poema es aprender sobre las desigualdades de la época de Miguel Hernández, cuyos hijos, aunque no fueron yunteros, también pasaron hambre y penurias; y tomar conciencia de las palabras que el poeta nos escribe es caer en la cuenta de que actualmente, en nuestros días, también podemos escribir muchos poemas inspirados en el sufrimiento injusto y evitable de los niños del mundo.


Nota de Victoria Jorrat.
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Poema original: El Niño Yuntero

Carne de yugo, ha nacido 1
más humillado que bello, 2
con el cuello perseguido 3
por el yugo para el cuello. 4

Nace, como la herramienta, 5
a los golpes destinado, 6
de una tierra descontenta 7
y un insatisfecho arado. 8

Entre estiércol puro y vivo 9
de vacas, trae a la vida 10
un alma color de olivo 11
vieja ya y encallecida. 12

Empieza a vivir, y empieza 13
a morir de punta a punta 14
levantando la corteza 15
de su madre con la yunta. 16

Empieza a sentir, y siente 17
la vida como una guerra 18
y a dar fatigosamente 19
en los huesos de la tierra. 20

Contar sus años no sabe, 21
y ya sabe que el sudor 22
es una corona grave 23
de sal para el labrador. 24

Trabaja, y mientras trabaja 25
masculinamente serio, 26
se unge de lluvia y se alhaja 27
de carne de cementerio. 28

A fuerza de golpes, fuerte, 29
y a fuerza de sol, bruñido, 30
con una ambición de muerte 31
despedaza un pan reñido. 32

Cada nuevo día es 33
más raíz, menos criatura, 34
que escucha bajo sus pies 35
la voz de la sepultura. 36

Y como raíz se hunde 37
en la tierra lentamente 38
para que la tierra inunde 39
de paz y panes su frente. 40

Me duele este niño hambriento 41
como una grandiosa espina, 42
y su vivir ceniciento 43
revuelve mi alma de encina. 44

Lo veo arar los rastrojos, 45
y devorar un mendrugo, 46
y declarar con los ojos 47
que por qué es carne de yugo. 48

Me da su arado en el pecho, 49
y su vida en la garganta, 50
y sufro viendo el barbecho 51
tan grande bajo su planta. 52

¿Quién salvará a este chiquillo 53
menor que un grano de avena? 54
¿De dónde saldrá el martillo 55
verdugo de esta cadena? 56

Que salga del corazón 57
de los hombres jornaleros, 58
que antes de ser hombres son 59
y han sido niños yunteros. 60

61

Comentarios

  • Óscar murillo Oct., 2022

    Son realmente los poemas de Hernández una joya, y este cuando millones de niños les sucede lo mismo, el niño yuntero.

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