Nanas de la Cebolla, Miguel Hernández

Este es uno de los poemas más conocidos, más importante es y, además, uno de los más tristes, personales y emotivos de la poesía de Miguel Hernández. En este caso, el poeta escribe un poema, una nana, cuya temática se basa en el conocimiento de las penurias que pasan su mujer y su hijo recién nacido mientras él está encarcelado. Sabe que las cebollas son la base de la alimentación en su casa.

La primera estrofa nos dice que el poeta está triste i nos hace saber lo que sufre su mujer y lo que él padece en la cárcel sin poder hacer nada. En su casa el hambre acecha y las cebollas son el único sustento. En la siguiente estrofa nos ofrece una imagen angustiosa en la que la leche que niño mama sabe a cebolla, lo que aumenta esa sensación de hambre, de pobreza y sufrimiento.

Una nueva estrofa nos indica la depresión y la tristeza que sufre su mujer, sólo la sonrisa le da un rayo de esperanza. En las dos siguientes estrofas, el poeta pide a la mujer que ría, que sea feliz aunque duela porque eso, si él lo sabe, le hará libre dentro de la cárcel en la que están cerrado. Podrá sentirla tan cerca que notará sus besos.

Continúa con esta idea en los siguientes versos. Lleva ocho meses encerrado y no deja de pensar en ambos. La risa de la mujer lo vence todo y nada puede pararle. Y siguen los siguientes con esa idea de que la felicidad de ella le da esperanza.

En una nueva estrofa habla de que desea que su hijo sea feliz y, aunque esté triste, sus versos, todo lo que escriba, tendrán una visión más optimista. Sin embargo, en los siguientes versos hay un deseo de poder volver atrás y volver a vivir ese tiempo perdido con su mujer e hijo.

El poeta tiene miedo de que la muerte, el asesinato, un disparo, la guerra acabe con su hijo. Finalmente, el ánimo, la esperanza de que su hijo sea feliz aunque sólo tengan cebollas para comer y ese pecho amamantando con leche que sabe a estas. Desea que el niño no sufra y no pase por lo que ellos han pasado.


Nota de Susana Marín. Jun. 2014

Poema original: Nanas de la Cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.