El Herido, Miguel Hernández

La temática política, utilizando como base la guerra, también está muy presente en muchos poemas, sobre todo en autores que hayan vivido esa experiencia en primera persona o en la misma época. Es importante señalar que este tipo de poesía no pretende ensalzar la figura del soldado o de la propia guerra, sino combatirla y ponerla frente al lector como algo negativo, como algo que provoca sufrimiento y muerte.

En este caso, la batalla es dolor y sangre y es por ello que aúnque intente servir para dar fuerza a los combatientes o denunciar los atropellos y los excesos que se producen en ella, la visión cruenta de la misma está definida por una pared manchada con la sangre, como el horror de la muerte.

El hospital es un lugar donde la muerte y la sangre son algo que tiene presente el poeta. La guerra es la culpable y es la imagen que siente más real. Las cosechas han sido sustituidas por cadáveres, por hombres que se desangran y ofrece una imagen de dolor, calor y horror.

La muerte llega pronto y la fuerza de la sangre, cuando la herida es en la arteria, hace que ésta salga disparada buscando un cielo, como el alma del soldado que se va, que se muere. La sangre salada, roja, inunda la batalla. Los muertos hacen que todo el ambiente esté viciado de olores y heridos. La vida desaparece y la muerte brota una y otra vez, como una nueva cosecha.

El poeta se siente herido y no es capaz de escribir todo lo que siente, todo el sufrimiento que hay a su alrededor. Él es joven y todo esto lo ha marcado como a cualquiera que haya vivido el horror de la guerra. Por ello el hospital es el lugar de los muertos, la sangre y las batallas imposibles de los médicos por retener a la vida, por curar, por salvar.

El poeta escribe para dar voz a esos muertos. Recordar a los caídos es su forma de lucha, su manera de curarlos. Siente que el amor está por encima del dolor y el sufrimiento. Dentro de la miseria de las guerras siempre hay espacio para la esperanza de que algo mejor puede llegar.

El poeta se entrega para impartir justicia, luchando con sus versos, con toda su alma. Su poesía, sus ojos están para que nadie olvide, para que luego esto sea escrito y que sea aliento de otros que luchan por la libertad del pueblo. Cada poema es una herida, es un dolor, pero merece la pena porque lo hace por algo mucho mayor: la vida. Mientras viva luchará por ella.


Nota de Susana Marín. Ene. 2015

Poema original: El Herido

Para el muro de un hospital de sangre.

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.