Elegía a Ramón Sijé, Miguel Hernández

La muerte de Ramón Sijé hace que el autor de este poema le dediqué esta elegía. Para el poeta él era un amigo trabajador y comprometido con la tierra en la que vivía. El poeta esta desconsolado por su pérdida y ese dolor y angustia la siente en su cuerpo, muy adentro. Es algo que siente hasta en la sangre.

Le duele hasta respirar. Nota su muerte como la suya propia y el desconsuelo no cesa. Su perdida lo deja en una profunda soledad, en la que la imagen de la muerte es una constante. El poeta odia la vida y la muerte por arrebatarle a esta persona y nada calma su odio. Clama venganza y desea poder arrasar con lo que pueda. Desea encontrar su cuerpo para despedirse, quiere que sus recuerdos sigan vivos. Ramón Sijé fallece por una septicemia producto de una infección intestinal el 24 de diciembre de 1935, cuando tenía apenas 22 años.

El poeta recuerda los buenos momentos junto a Ramón Sijé en su casa de campo, con la imagen constante de las abejas. Desea volver a escuchar el sonido de los trabajos. El poeta no lo olvidará nunca y siempre lo tendrá presente. Quiere quitar de su mente la imagen de su cadáver y recordar el amor que le tenía. Sólo desea volver a estar a su lado para departir, hablar. Quiere que vuelva la vida que le arrebataron.

Más allá del motivo de su muerte, se remarca el contexto de una época muy concreta en la que la represión era una constante y la muerte por ideología era algo común. En la mayoría de las ocasiones con la muerte de los “acusados” por un tiro en la cabeza y la ocultación de los cadáveres en fosas cercanas a carreteras o también en lugares recónditos, para que nadie pudiera encontrarlos. Es por ello que muchos poetas expresan en sus textos el dolor de una manera real por qué muchos compañeros maestros, muchos escritores, ya fueran de poesía narrativa, muchos eruditos, etc., en aquellos tiempos fueron asesinados porque sí, por pensar diferente, por luchar a través de la razón, la belleza literaria e intentando buscar la libertad, la paz.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Elegía a Ramón Sijé

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería).

Yo quiero ser llorando el hortelano 1
de la tierra que ocupas y estercolas, 2
compañero del alma, tan temprano. 3

Alimentando lluvias, caracolas 4
y órganos mi dolor sin instrumento. 5
a las desalentadas amapolas 6

daré tu corazón por alimento. 7
Tanto dolor se agrupa en mi costado, 8
que por doler me duele hasta el aliento. 9

Un manotazo duro, un golpe helado, 10
un hachazo invisible y homicida, 11
un empujón brutal te ha derribado. 12

No hay extensión más grande que mi herida, 13
lloro mi desventura y sus conjuntos 14
y siento más tu muerte que mi vida. 15

Ando sobre rastrojos de difuntos, 16
y sin calor de nadie y sin consuelo 17
voy de mi corazón a mis asuntos. 18

Temprano levantó la muerte el vuelo, 19
temprano madrugó la madrugada, 20
temprano estás rodando por el suelo. 21

No perdono a la muerte enamorada, 22
no perdono a la vida desatenta, 23
no perdono a la tierra ni a la nada. 24

En mis manos levanto una tormenta 25
de piedras, rayos y hachas estridentes 26
sedienta de catástrofes y hambrienta. 27

Quiero escarbar la tierra con los dientes, 28
quiero apartar la tierra parte a parte 29
a dentelladas secas y calientes. 30

Quiero minar la tierra hasta encontrarte 31
y besarte la noble calavera 32
y desamordazarte y regresarte. 33

Volverás a mi huerto y a mi higuera: 34
por los altos andamios de las flores 35
pajareará tu alma colmenera 36

de angelicales ceras y labores. 37
Volverás al arrullo de las rejas 38
de los enamorados labradores. 39

Alegrarás la sombra de mis cejas, 40
y tu sangre se irán a cada lado 41
disputando tu novia y las abejas. 42

Tu corazón, ya terciopelo ajado, 43
llama a un campo de almendras espumosas 44
mi avariciosa voz de enamorado. 45

A las aladas almas de las rosas 46
del almendro de nata te requiero, 47
que tenemos que hablar de muchas cosas, 48
compañero del alma, compañero. 49

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