Décima Muerte, Xavier Villaurrutia

El poeta es consciente de la muerte, que está a nuestro lado, y la vida, desde que nacemos, se va consumiendo poco a poco hasta el fin de nuestros días. La vida implica al mismo tiempo la certeza de la propia muerte. Esta está presente en todo y es la representación de los cuatro elementos de la naturaleza.

El poeta pide morir sin sentir nada, ni dolor y placer, esperando que el último aliento no lo distraiga de querer sentir paz. La sensación de convertir su cuerpo en algo inerte, inmóvil y duro le hace ver también algo de belleza en ese momento, casi tan hermoso como una piedra preciosa, como un diamante.

El poeta desea saber, conocer a la muerte y exhalar el último suspiro mirándola sin miedo. Siente que no es el fin y que después hay otra vida, otro camino. El último suspiro es una conjunción del miedo, sufrimiento a ser conscientes de la pérdida de la vida y, al mismo tiempo, un viaje a un nuevo espacio, a un nuevo cielo.

En los momentos en que el poeta se siente vacío es cuando es más consciente de que la muerte llegará y ese sentimiento se queda y le marca. El poeta siente que su muerte es una pérdida para la propia muerte, porque ha sido parte de su vida. No tiene miedo porque la espera desde hace tiempo. Lo único que le molesta es la tardanza de la misma

La visión que el poeta nos muestra de la parca no es una visión negativa de la misma, aunque tampoco es una mirada optimista. De una manera sincera, el poeta nos muestra la aceptación que tiene el hecho de que nacemos para morir, de que nuestra vida va acompañada de la muerte. Sin embargo, esto no implica que tengamos que vivir una vida triste.

Todo lo contrario, cuando acabamos de leer el poema, nos damos cuenta que depende de nosotros mismos cuál va ser nuestra manera de enfocar nuestro camino. Para el poeta es el final de una senda y el principio de otra mucho más importante, en el que se mezcla lo nuevo y lo desconocido, el miedo y, al mismo tiempo, una expectación hacia algo y considera que va ser bueno para él. Por eso el poeta no tiene miedo. Lo único que desea es no sufrir cuando llegue al final de su vida.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Décima Muerte

A Ricardo de Alcázar 1

I

¡Qué prueba de la existencia 2
habrá mayor que la suerte 3
de estar viviendo sin verte 4
y muriendo en tu presencia! 5
Esta lúcida conciencia 6
de amar a lo nunca visto 7
y de esperar lo imprevisto; 8
este caer sin llegar 9
es la angustia de pensar 10
que puesto que muero existo. 11

II

Si en todas partes estás, 12
en el agua y en la tierra, 13
en el aire que me encierra 14
y en el incendio voraz; 15
y si a todas partes vas 16
conmigo en el pensamiento, 17
en el soplo de mi aliento 18
y en mi sangre confundida, 19
¿no serás, Muerte, en mi vida, 20
agua, fuego, polvo y viento? 21

III

si tienes manos, que sean 22
de un tacto sutil y blando, 23
apenas sensible cuando 24
anestesiado me crean; 25
y que tus ojos me vean 26
sin mirarme, de tal suerte 27
que nada me desconcierte 28
ni tu vista ni tu roce, 29
para no sentir un goce 30
ni un dolor contigo, Muerte. 31

IV

Por caminos ignorados, 32
por hendiduras secretas, 33
por las misteriosas vetas 34
de troncos recién cortados, 35
te ven mis ojos cerrados 36
entrar en mi alcoba oscura 37
a convertir mi envoltura 38
opaca, febril, cambiante, 39
en materia de diamante 40
luminosa, eterna y pura. 41

V

No duermo para que al verte 42
llegar lenta y apagada, 43
para que al oír pausada 44
tu voz que silencios vierte, 45
para que al tocar la nada 46
que envuelve tu cuerpo yerto, 47
para que a tu olor desierto 48
pueda, sin sombra de sueño, 49
saber que de ti me adueño, 50
sentir que muero despierto. 51

VI

La aguja del instantero 52
recorrerá su cuadrante, 53
todo cabrá en un instante 54
del espacio verdadero 55
que, ancho, profundo y señero, 56
será elástico a tu paso 57
de modo que el tiempo cierto 58
prolongará nuestro abrazo 59
y será posible, acaso, 60
vivir después de haber muerto. 61

VII

En el roce, en el contacto, 62
en la inefable delicia 63
de la suprema caricia 64
que desemboca en el acto, 65
hay un misterioso pacto 66
del espasmo delirante 67
en que un cielo alucinante 68
y un infierno de agonía 69
se funden cuando eres mía 70
y soy tuyo en un instante. 71

VIII

¡Hasta en la ausencia estás viva! 72
Porque te encuentro en el hueco 73
de una forma y en el eco 74
de una nota fugitiva; 75
porque en mi propia saliva 76
fundes tu sabor sombrío, 77
y a cambio de lo que es mío 78
me dejas sólo el temor 79
de hallar hasta en el sabor 80
la presencia del vacío. 81

IX

Si te llevo en mí prendida 82
y te acaricio y escondo, 83
si te alimento en el fondo 84
de mi más secreta herida; 85
si mi muerte te da vida 86
y goce mi frenesí, 87
¡qué será, Muerte, de ti 88
cuando al salir yo del mundo, 89
deshecho el nudo profundo, 90
tengas que salir de mí? 91

X

En vano amenazas, Muerte, 92
cerrar la boca a mi herida 93
y poner fin a mi vida 94
con una palabra inerte. 95
¡Qué puedo pensar al verte, 96
si en mi angustia verdadera 97
tuve que violar la espera; 98
si en vista de tu tardanza 99
para llenar mi esperanza 100
no hay hora en que yo no muera! 101

102

Comentarios

  • ROBERTO XÚCHITL PÉREZ Jul., 2022

    Tanto el poema como su análisis son merecedores de aplausos. Hablar de Xavier Villaurrutia es abrir una de las biografías más representativas de nuestra poesía, no sólo del siglo o milenio pasado. Sino de un personaje que, con su creación representativa, resultan atemporales.

    Existen múltiples ensayos y traducciones en torno a la obra de Villaurrutia (Leer El Desconocido (poema de Octavio Paz dedicado a X. Villaurrutia), que aunque resulte breve en su producción, su influencia y proyección son indiscutiblemente libros de cabecera de la poesía de la lengua española.

    Felicitaciones a tocos.

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