El Contemplado, Pedro Salinas

El poeta mire un paisaje desde un alto, al infinito, al horizonte, desde el monte hasta la playa. Mira cada punto de la estampa, cada palmo de terreno, cada cambio de luz, todo lo que tiene frente a sus ojos. Ha visto su luz de día y de noche y la belleza del mismo hace que nazca de su interior un nombre, el que da título al poema.

Ese nombre refleja la belleza de lo que ve y lo que siente al hacerlo. Para el poeta, el nombre es la representación de lo atónito que se siente, de la belleza de la contemplación de lo que tiene uno delante. Para el poeta es un estremecimiento físico y emocional cuando se da cuenta de lo importante que es aquel lugar, de lo que le hace sentir y del nombre que ha surgido para recordarlo siempre.

Estamos ante un poema en el que no sólo se describen las emociones de un poeta ante la visión de un paisaje maravilloso. Estamos en un lugar que recoge toda la belleza que puede inspirar a muchas personas para que, con el tiempo, ese punto sea reconocido y reconocible por todos a través de un hombre. Éste no se ha dado porque alguien lo hubiera decidido sin más, sino que las propias características del lugar son las que hacen que el nombre surja por sí mismo.

Es obvio que hay una emoción exagerada en el poeta por todo lo que ve, por todo lo que siente. Es bueno poder releer como el poeta sabido plasmar todas esas emociones encontradas en unos versos que lo positivo que tienen es que no se alargan demasiado. Es decir, el poeta busca plasmar un hecho sensible en unos versos y, en vez de alargarse en la versificación como podrían haber hecho otros, busca el concentrar toda esa expresividad en pocos versos.

Sin embargo, aunque el poema no es extenso, captamos perfectamente la sensibilidad del poeta, sentimos como propia toda esa belleza que nos muestra y, hasta cierto punto, podemos mirar a través de los ojos del poeta como si de una cámara de video se tratara, captando e imaginando como puede ser ese lugar.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: El Contemplado

De mirarte tanto y tanto, 1
de horizonte a la arena, 2
despacio, 3
del caracol al celaje, 4
brillo a brillo, pasmo a pasmo, 5
te he dado nombre; los ojos 6
te lo encontraron, mirándote. 7
Por las noches, 8
soñando que te miraba, 9
al abrigo de los párpados 10
maduró, sin yo saberlo, 11
este nombre tan redondo 12
que hoy me descendió a los labios. 13
Y lo dicen asombrados 14
de lo tarde que lo dicen. 15
¡Si era fatal el llamártelo! 16
¡Si antes de la voz, ya estaba 17
en el silencio tan claro! 18
¡Si tú has sido para mí, 19
desde el día 20
que mis ojos te estrenaron, 21
el contemplado, el constante 22
Contemplado! 23

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