Canción de la Búsqueda, José Ángel Buesa

El pasado de cada uno nos marca en nuestro camino y deja cicatrices, marcas que con el paso del tiempo se atenúan y, en la última etapa de nuestra vida, en muchas ocasiones, nos hace reflexionar sobre nuestra propia trayectoria. En este caso, el poeta nos habla sobre una de esas marcas.

Así, en la primera estrofa, nos habla de un amor pasado al que nunca tuvo el valor de decírselo, aunque lo pensó muchas veces. Estamos ante un amor sincero y a la vez, hasta cierto punto, cobarde. En la siguiente estrofa el poeta nos indica que está en la última etapa de su vida. Espera que la pasión renazca en ella, pero parece que eso no pasará, aunque él no pierde la esperanza. Es como si hubiera algún atisbo, en algún momento, de que la relación pudo cuajar pero no fue así.

En la siguiente estrofa el poeta es consciente de que ya es tarde y, además, el no tiene el valor para sincerarse con la mujer que ama. Parece que es mejor dejar todo como está. Esta indecisión marca claramente, ya desde la primera estrofa, ese miedo a dar el paso necesario para intentar ganarse el amor de la amada.

En una nueva estrofa, el poeta se da cuenta de que no le queda nada, se da cuenta de que todo ha sido una pérdida de tiempo y que, realmente, ha sido una obsesión. Al final, el poeta es consciente de que cualquier recuerdo o esperanza ha dejado de existir por parte de ella. Reconoce que se ha equivocado en la relación y que la ha perdido por su culpa, por sus decisiones equivocadas.

El miedo, la cobardía, el pensar que uno no es lo suficientemente bueno o tiene poco ofrecer a otra persona, hace que en muchas ocasiones se pierda la posibilidad de conocer a la pareja de nuestra vida, la que nos puede acompañar en toda nuestra trayectoria vital. Esto es lo que parece sucederle a nuestro poeta. Para mayor énfasis de esta idea, el mero hecho de reconocer que la culpa de que esta relación no fructifique y no llegue a término es por culpa de sus propias decisiones, remarca la idea de las dudas e incertidumbres que el propio poeta tenía acerca de la relación.


Nota de Susana Marín. Ago. 2014

Poema original: Canción de la Búsqueda

Todavía te busco, mujer que busco en vano,
mujer que tantas veces cruzaste mi sendero,
sin alcanzarte nunca cuando extendí la mano
y sin que me escucharas cuando dije: «te quiero...»

Y, sin embargo, espero. Y el tiempo pasa y pasa.
Y ya llega el otoño, y espero todavía:
De lo que fue una hoguera sólo queda una brasa,
pero sigo soñando que he de encontrarte un día.

Y quizás, en la sombra de mi esperanza ciega,
si al fin te encuentro un día, me sentiré cobarde,
al comprender, de pronto, que lo que nunca llega
nos entristece menos que lo que llega tarde.

Y sentiré en el fondo de mis manos vacías,
más allá de la bruma de mis ojos huraños,
la ansiedad de las horas convirtiéndose en días
y el horror de los días convirtiéndose en años...

Pues quizás esté mustia tu frente soñadora,
ya sin calor la llama, ya sin fulgor la estrella...
Y al no decir: «¡Es ella!» —como diría ahora—
seguiré mi camino, murmurando: «Era ella...»