Angostura, Andrés Eloy Blanco

El río Angostura es misterioso. Sus aguas, la forma de las ondas que produce, le recuerdan al poeta a la rugosidad de las piedras de un molino, que es así para poder moler el grano. Éste río recuerda el paso de Bolívar y quiere conquistar también aquello que recorre. Este río es poderoso y nada puede detenerlo, encerrarlo.

No tiene puerto pero es muy ancho. Hace demasiado calor allí para hacer cualquier infraestructura. Aquello que lo navega o cae sobre sus aguas es un instante en el tiempo, comparado con todo el agua que recorre su cauce, el tiempo que recorren sus aguas. Bolívar lo navegó para iniciar la reconquista, su lucha.

Sobre la arena de una playa clavó su pie para reclamar las tierras, como los conquistadores hicieron la primera vez. La llegada hasta la población en la que entró fue celebrada como si de una gran festividad se tratara. Se engalanaron las calles y el pueblo vistió sus mejores ropas. Fue recibido como héroe, como un hombre hermoso, deseado en todos los aspectos.

Entró en la población, entró en el Congreso y habló con los políticos. La República triunfó. Después, la lucha se extendió para liberar las tierras, ser libre, ser un país propio. Todo tuvo sentido, todo se conjugó para vencer y liberarse como país. Para el poeta, su espíritu, el de Bolívar, sigue y su fuerza y mensaje han calado. Por eso, aunque se pueda perder momentáneamente su espíritu, éste volverá con fuerza rejuvenecida.

No es el primer poema que este escritor escribe sobre Bolívar, ensalzando su figura. Esta ha sido esencial en lo referente a la liberación de los países latinoamericanos respecto al imperio español. La figura de Bolívar no solamente es idolatrada sino que es parte de la historia viva de muchos países. Sin él no se puede entender la Hispanoamérica actual.

No solamente se ensalza su figura como conquistador, sino también como militar y político. Él ha sido representante de un pueblo y este lo ha reconocido como tal. Para este poeta es el pilar central del América moderna, del América libre y de la América orgullosa de su independencia, de su liberación y de su prosperidad.


Nota de Susana Marín. Ago. 2015

Poema original: Angostura

En Angostura, el río
se hace delgado y profundo como un secreto,
tiene la intensidad de una idea
que le pone la arruga a la Piedra del Medio.

En Angostura, el agua
tiene la hondura de un concepto
y acaso aquí es el río la sombra de Bolívar,
metáfora del alma que no cabe en el cuerpo.

Ved cómo viene, río abajo
pensad algo en el río sin vallas y sin puertos,
ancho hasta el horizonte,
caluroso como el Desierto.
La barca es un instante en la vida del agua,
una hoja en un árbol, una nota en un trueno,
y en la barca venía la esperanza de América,
un sorbo de hombre apenas, una pluma en un vuelo,
la gota primeriza donde nace
el Orinoco del Ensueño.
Y llegó aquí, a Angostura, en una playa primitiva
atracó la canoa; vedle hundir en el suelo
el tacón fino, con el pinchazo
de la avispa que quiere conocer su avispero;
seguidle, subiendo la cuesta
hacia la ciudad; un revuelo
de campanas anuncia su llegada, las casas
se endomingaban de banderas y de letreros,
de Soledad arriban canoas con mujeres
como cestas con mangos y mereyes del tiempo.
Angostura gallea su jarifa prestancia
para gustarle al Héroe guapo que tenía los ojos negros.

Y cuando subió la escalera,
hacia la cumbre del Congreso,
y cuando volvió hacia la playa
con la República en el pecho,
¿qué fue, Orinoco, aquella luz
que te encrespó los músculos y te erizó los nervios
y sacudió tus hondas fibras
desde la planta de Maipures hasta el puño de Macareo?
¿No era la Patria acaso? ¿No era la Patria misma?
La patria secular que te nació en tu seno
y vivirá en los siglos, eterna como el Mundo,
porque si un día se nos muere te devolverás del Océano.