Amémonos, Manuel María Flores

En este poema, el autor nos habla de la importancia de la fe en el amor. No sólo en que las personas estén juntas y se amen, sino también en creer en los sentimientos que se tienen hacia la persona amada, tener fe en algo que no es tangible, que no se puede contar, que tiene que ver con algo indescriptible y que, a la vez, mueve nuestra vida y nos transforma desde el primer momento en que llega a nosotros.

El poeta busca el amor, siente que hay alguien que también lo ama pero desconoce quién es. Tiene una imagen clara desde que era niño, como algo predestinado a que ocurra, algo divino, casi milagroso. Para él, este amor es como la fe en Dios, es algo intangible pero real. Desea encontrar esa persona y siente que está cerca.

Como es obvio, al no saber quién es ni haberla visto nunca, desconoce todo de ella, pero la fe en que lo que siente se hará realidad es mucho más fuerte. De hecho, un día la encuentra. Es una mujer y sabe que es ella la que siempre había buscado. Además, ese sentimiento ha sido correspondido y es tal la atracción entre ambos que no ha habido necesidad de palabras para expresar lo que sentían al estar el uno frente al otro.

Aunque predestinados, la vergüenza del primer momento aparece en sus rostros. El poeta expresa a su pareja que su amor, en este mundo difícil y triste, es una gota de esperanza, un milagro que le hace sentir que no todo está perdido. Ambos están enamorados, se sienten llenos de esta sensación y, sobre todo, de la correspondencia de los sentimientos. También saben que el amor es, en algunos momentos, sufrir, pero no les importa, la fe está a su lado. Ella lo es todo para él y se entrega completamente, como un creyente a la imagen de una virgen.

Nos quede una sensación de tranquilidad, un esbozo de sorpresa en nuestros labios nos hace sentir que el protagonista del poema ha encontrado lo que busca, que el amor es posible en una sociedad oscura con un porvenir incierto. También nos hace pensar en que si lo deseamos de manera sincera, con el corazón y, además, lo proyectamos fuera de nosotros. Todos podemos encontrar a la persona que amamos.


Nota de Susana Marín. Dic. 2014

Poema original: Amémonos

Buscaba mi alma con afán tu alma,
buscaba yo la virgen que mi frente
tocaba con su labio dulcemente
en el febril insomnio del amor.

Buscaba la mujer pálida y bella
que en sueño me visita desde niño,
para partir con ella mi cariño,
para partir con ella mi dolor.

Como en la sacra soledad del templo
sin ver a Dios se siente su presencia,
yo presentí en el mundo tu existencia,
y, como a Dios, sin verte, te adoré.

Y demandando sin cesar al cielo
la dulce compañera de mi suerte,
muy lejos yo de ti, sin conocerte
en la ara de mi amor te levanté.

No preguntaba ni sabía tu nombre,
¿en dónde iba a encontrarte? lo ignoraba;
pero tu imagen dentro el alma estaba,
más bien presentimiento que ilusión.

Y apenas te miré... tú eras ángel
compañero ideal de mi desvelo,
la casta virgen de mirar de cielo
y de la frente pálida de amor.

Y a la primera vez que nuestros ojos
sus miradas magnéticas cruzaron,
sin buscarse, las manos se encontraron
y nos dijimos «te amo» sin hablar

Un sonrojo purísimo en tu frente,
algo de palidez sobre la mía,
y una sonrisa que hasta Dios subía...
así nos comprendimos... nada más.

¡Amémonos, mi bien! En este mundo
donde lágrimas tantas se derraman,
las que vierten quizá los que se aman
tienen yo no sé que de bendición,

dos corazones en dichoso vuelo;
¡Amémonos, mi bien! Tiendan sus alas
amar es ver el entreabierto cielo
y levantar el alma en asunción.

Amar es empapar el pensamiento
en la fragancia del Edén perdido;
amar es... amar es llevar herido
con un dardo celeste el corazón.

Es tocar los dinteles de la gloria,
es ver tus ojos, escuchar tu acento,
en el alma sentir el firmamento
y morir a tus pies de adoración.