En las tierras más verdes, Antonio Cisneros

En este poema del escritor peruano, observamos una mezcla entre la cultura ancestral, los rituales y la influencia de religión católica. Nos sitúa el poeta geográficamente una zona de Perú rica en agua, en enero, época de verano allí. El agua lleva la tierra con el deshielo, lo que aumenta la fertilidad del suelo. Es una zona de grandes recursos que alimenta a la población del lugar como si fuera el maná del que habla la Biblia.

La sal de la montaña es muy conocida y la forma de extraerla fue aprendida de los jesuitas. Actualmente se hace una festividad relacionada con la extracción de la sal, que se dedica a Jesús y también a los ancestros de la poblacion, realizando una procesión por una amplia zona del lugar. Lo divino y lo humano se unieron en armonía gracias a los recursos de la zona y a los conocimientos que los religiosos traían de España. De esta forma fue mucho más fácil la introducción del cristianismo, del catolicismo en Latinoamérica.

La mejora de la riqueza y de la tierra no se puede entender sin la entrada de los religiosos en Perú. Las buenas cosechas van aparejadas a la gloria a Dios. Lo esencial es que esto se ve como algo positivo, como algo bueno que une a los nativos del lugar y a los extranjeros que, en forma de religiosos viven allí. Se ve como una comunión hermosa entre lo ancestral y lo divino, entre las antiguas costumbres y la nueva religiosidad que, poco a poco, va calando en la sociedad.

Como podemos comprobar, la entrada de las órdenes religiosas en Latinoamérica fue muy importante no solamente por la importancia que tuvo desde el punto de vista cultural y religioso. También fue muy importante porque estas órdenes tenían una amplia cultura en muchos aspectos, entre los que destacaban los trabajos relacionados con el campo, la tecnología, etc. y fueron estos mismos conocimientos los que ayudaron a acercarse al pueblo en el que estaban, mejorando las cosechas, las formas de realizar cierto tipo de trabajos, ayudando a que la industria de la zona fuera mucho mejor y aumentará el beneficio desde el punto de vista económico.


Nota de Susana Marín. Feb. 2015

Poema original: En las tierras más verdes

No era maná del cielo pero había comida para todos y amor de Dios.
De atrás del Tropezón venía el agua, pucha madre, todo el año venía.
A veces despaciosa y pálida como muchacha flaca.
Pero en enero cantaba más alta que los muros del canal.
Sólo ballenas le faltaban para ser otro mar.
De atrás del Tropezón bajaban los canales marrones y pulidos.

De piedra brava de Huarochirí.
Como el elefante de la Compañía de Jesús (una puerta en Huamanga).
Así eran, pues, los artes de los arrieros de la sal —sobrinos de los Incas.
Ellos limpiaban los canales como les enseñaron desde antiguo en las
tierras más altas.
Por ellos nos venían las lluvias de la Sierra entre las lomas y así
honraban al Niño.
Nosotros los honrábamos con sal. Dos cosechas de sal de las Salinas.
Y es la primera en la fiesta de Pallas, donde el mar es azul. La segunda
en la fiesta de los Santos Difuntos, donde baja la niebla y el sol viaja.
Cien parejas de llamas traían los arrieros.
Las llamas con campanas y penachos igual que los castillos cuando
son las fogatas.
Pucha madre, los arrieros de Huarochirí morían por la sal como esta
santa tierra moría por el agua.
Era un casorio bueno, con uva y chirimoya.
Y así se dijo:

De Amorós a San Bartolito sea todo de pinos y flor-inca.
De Chuca al Sur cultívese algodón: Una parte de algodón de la tierra
y dos de pelo largo. En los flancos membrillos y guayabas.
Sean las tierras de Santa María Baja destinadas al cultivo de la
vid y a la gloria del Niño Jesús.
Sean las tierras de Piedra León, tierras de la higuera.

Así se dijo, pues. Dicen que sí.