Oda a la cebolla, Pablo Neruda

Cebolla,1
luminosa redoma,2
pétalo a pétalo3
se formó tu hermosura,4
escamas de cristal te acrecentaron5
y en el secreto de la tierra oscura6
se redondeó tu vientre de rocío.7
Bajo la tierra8
fue el milagro9
y cuando apareció10
tu torpe tallo verde,11
y nacieron12
tus hojas como espadas en el huerto,13
la tierra acumuló su poderío14
mostrando tu desnuda transparencia,15
y como en Afrodita el mar remoto16
duplicó la magnolia17
levantando sus senos,18
la tierra19
así te hizo,20
cebolla,21
clara como un planeta,22
y destinada23
a relucir,24
constelación constante,25
redonda rosa de agua,26
sobre27
la mesa28
de las pobres gentes.29

Generosa30
deshaces31
tu globo de frescura32
en la consumación33
ferviente de la olla,34
y el jirón de cristal35
al calor encendido del aceite36
se transforma en rizada pluma de oro.37

También recordaré cómo fecunda38
tu influencia el amor de la ensalada,39
y parece que el cielo contribuye40
dándote fina forma de granizo41
a celebrar tu claridad picada42
sobre los hemisferios de un tomate.43
Pero al alcance44
de las manos del pueblo,45
regada con aceite,46
espolvoreada47
con un poco de sal,48
matas el hambre49
del jornalero en el duro camino.50
Estrella de los pobres,51
hada madrina52
envuelta53
en delicado54
papel, sales del suelo,55
eterna, intacta, pura56
como semilla de astro,57
y al cortarte58
el cuchillo en la cocina59
sube la única lágrima60
sin pena.61
Nos hiciste llorar sin afligirnos.62
Yo cuanto existe celebré, cebolla,63
pero para mí eres64
más hermosa que un ave65
de plumas cegadoras,66
eres para mis ojos67
globo celeste, copa de platino,68
baile inmóvil69
de anémona nevada70
y vive la fragancia de la tierra71
en tu naturaleza cristalina.72

73

En formato PDF
PDF Oda a la cebolla



¿Quiere ayudar? Deje su comentario!

*Todos los mensajes son moderados; su email jamás aparece ni se comparte.


Análisis

En julio de 1954, el poeta chileno Pablo Neruda, con cincuenta años de edad, publicó su libro Odas elementales, que continuó después con Nuevas odas elementales (enero de 1956) y Tercer libro de las odas (diciembre de 1957), los tres editados por la Editorial Losada de Buenos Aires. En estos poemas, Neruda recurre al género lírico típicamente destinado a ensalzar a alguien o algo. En su libro de memorias Confieso que he vivido, y refiriéndose al período de su vida de 1952 a 1957, el poeta dice:

Casi todo ese tiempo lo pasé en Chile y no me sucedieron cosas curiosas ni aventuras capaces de divertir a mis lectores. Sin embargo, es preciso enumerar algunos hechos importantes de ese lapso. Publiqué el libro Las uvas y el viento, que traía escrito. Trabajé intensamente en las Odas elementales, en las Nuevas odas elementales y en el Tercer libro de las odas.

En ese momento, Neruda vivía una etapa relativamente tranquila, sobre todo si se tiene en cuenta que, en la segunda mitad de la década anterior, había sido elegido senador, había sufrido el desafuero, había vivido en la clandestinidad y se había visto obligado a exiliarse en la Argentina.

En los tres libros de las Odas, el poeta chileno deja de lado el barroquismo y la retórica del Canto general que había escrito en sus escondites y que se había publicado en México, en 1950. Es decir que pasó de la complejidad a la sencillez, de la poesía política a la de los hechos y las cosas cotidianas, de la elaboración a la espontaneidad. Al respecto, escribió:

En las Odas elementales, me propuse un basamento originario, nacedor. Quise redescribir muchas cosas ya cantadas, dichas y redichas. Mi punto de partida deliberado debía ser el niño que emprende, chupándose el lápiz, una composición obligatoria sobre el sol, el pizarrón, el reloj o la familia humana. Ningún tema podía quedar fuera de mi órbita. Todo debía tocarlo yo andando o volando, sometiendo mi expresión a la máxima transparencia y virginidad.

En Una épica doméstica (Prólogo a «Odas elementales» de Pablo Neruda) (2002), el escritor y político nicaragüense Sergio Ramírez dice:

En este inventario de cosas y asuntos simples que vienen a ser las Odas, su sustancia visible está sostenida por un lenguaje de armazón simple, y muchas veces transparente, sin osadías de complejidades verbales ni conjeturas, porque Neruda persigue antes que nada la ambición de que le entiendan. De que le entienda cualquiera. No es por lo tanto un libro para letrados, sino una especie de silabario en el que se puede ir desde la «a» de «algarrobo» hasta la «z» de «zapato»; no en balde en los tres libros las Odas están puestas en estricto orden alfabético.

En Odas elementales, Pablo Neruda canta a la esperanza y al caldillo de congrio, a la madera y a la alegría, al vino y al pan, a los poetas populares y al fuego, al libro, al traje, a la lluvia, a la vida. Y a la cebolla… Esta última no es el único vegetal al que exalta, pues también dedica sus respectivas odas a la alcachofa, una castaña en el suelo, la flor azul y el tomate. El libro contiene un total de sesenta y siete odas y abarca una variadísima gama de objetos materiales, sentimientos, conceptos u objetos inmateriales, personas y personajes, lugares geográficos. Así, versifica sobre temas tan dispares y tan próximos a la vida cotidiana y a las experiencias humanas como el aire, el amor, el átomo, la envidia, la esperanza, el invierno, el mar, la noche, el otoño, el pasado, la poesía, la soledad, el tiempo…

El desencadenante para que Neruda escribiera los tres libros de odas fue una proposición que le efectuó el poeta, novelista, periodista y político venezolano Miguel Otero Silva, a la sazón director del periódico El Nacional, de la ciudad de Caracas. Inclinado como el poeta chileno a la ideología comunista, Otero Silva le propuso que escribiera una colaboración poética semanal. En su etapa de madurez literaria, Neruda ve la oportunidad de conformar una composición poética extensa como había hecho con el Canto General. Más tarde, lo describiría en estos términos:

Así logré publicar una larga historia de este tiempo, de sus cosas, de los oficios, de las gentes, de las frutas, de las flores, de la vida, de mi posición, de la lucha, en fin, de todo lo que podía englobar de nuevo en un vasto impulso cíclico mi creación.

La Oda a la cebolla está escrita en verso libre, como todas las composiciones de Odas elementales. Es decir que no tiene métrica regular ni rima deliberada; las rimas que pueden encontrarse son meros «accidentes» del discurso poético en versos blancos. La esticomitia (coincidencia entre la unidad sintáctica y la unidad métrica) está frecuentemente alterada por los encabalgamientos originados en el escaso número de sílabas de buena parte de los versículos. La sencillez del lenguaje denota la clara intención de ser entendido por todos los lectores. A este propósito contribuye el uso casi exclusivo de sustantivos concretos que dan al discurso poético una consistencia y una naturalidad que son difíciles de lograr con sustantivos abstractos. El vuelo lírico está también reforzado por la abundancia de adjetivos en relación con un limitado empleo de los verbos.

Pablo Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura en 1971.

Nota de Javier Collazo.

Collazo, Javier. Ago., 2023. Oda a la cebolla, de Pablo Neruda. Poemario. Acceso en https://poemario.com/oda-cebolla/

Ejemplos de figuras literarias en Oda a la cebolla

Figuras literarias Ejemplos Descripción
Metáfora "luminosa redoma" El autor compara la cebolla con una redoma luminosa, destacando su forma y belleza.
Metáfora "redonda rosa de agua" La cebolla se compara con una rosa, enfatizando su forma y apariencia.
Símil "y parece que el cielo contribuye dándole fina forma de granizo" La cebolla picada se compara con granizo, sugiriendo su apariencia y textura.
Hipérbole "más hermosa que un ave de plumas cegadoras" El autor exagera la belleza de la cebolla al compararla con un ave con plumas que ciegan.
Metonimia "la única lágrima sin pena" Se utiliza la metonimia al referirse a la lágrima que se derrama al cortar la cebolla, representando la emoción sin tristeza que provoca.
Prosopeya "Nos hiciste llorar sin afligirnos." Se le atribuye a la cebolla la capacidad de hacer llorar a las personas, como si fuera un ser con intenciones y emociones.