Mi muchacha salvaje, Pablo Neruda

En este poema Pablo Neruda nos habla de un reencuentro de dos personas que, al cabo del tiempo, tienen que volver a estar juntas, como una predestinación. A través de los versos del poema desarrolla el argumento de la historia de amor. Podemos dividir el poema en cuatro partes bien diferenciadas: el primero que podríamos definirlo como recuerdo del amor perdido pero presente en la vida del protagonista. Una segunda parte que refleja ese deseo de reencuentro.

Una tercera parte que sería el reencuentro mismo. Y una cuarta parte en la que los protagonistas, juntos, son conscientes de que, además de una relación personal e íntima, los une una relación espiritual, que trasciende más allá de la muerte.

Se nos presenta a una chica indomable, que no se conforma, que quiere vivir la vida y que el protagonista del poema recuerda ahora desde la distancia. Es un amor de ida y vuelta que en su momento se rompió y que ahora el destino va a recomponiendo pedazo a pedazo. Como la teoría de los hilos invisibles que unen a las personas, el camino entre ambos se va acortando; un camino desconocido que, en parte, está formado por sus propias experiencias y relaciones personales que ambos han tenido, que no les han hecho felices, y que han influido en el viaje de retorno.

Para ellos la distancia espacial, esas entidades separadas de las que habla, sólo es una distancia emocional que tampoco existe. El día no hace más que potenciar el deseo de cercanía, debatiéndose los recuerdos positivos y negativos, para tomar la decisión de recuperar la relación. El amor, el deseo renovado y el ansia mutua, física y emocional, de volver a estar juntos se consolida en un abrazo lleno de pasión.

Frente a frente, con la mirada limpia, desnudos emocionalmente, se sinceran y comparten el relato vital de cada uno. La experiencia personal siempre ha tenido la presencia del otro, incluso en los momentos más íntimos. Pero todo ese camino no ha significado nada, todo lo aprendido ha sido inútil, un espejismo, una pantalla que ocultaba la verdad. Vacían sus mochilas del peso muerto que traían encima, de su camino anterior. El ciclo de la vida se inicia y termina en ellos un todo único formado por dos personas.

Estar juntos, para ellos, es sobrevivir. El suyo es un amor transparente, puro, incondicional, que trasciende a lo puramente terrenal y es imposible de separar. La muerte sólo es el final físico y las cenizas son una continuación de la vida una y otra vez. Como el rito hinduista de la cremación, la reencarnación es una continuación de la vida, un crecimiento personal y espiritual cuyo camino esencial parte y termina en el amor. Así, esa relación que ahora se reencuentra es un camino de amor cíclico.

Pablo Neruda nos muestra con este poema una visión muy personal e íntima, casi espiritual del reencuentro. Lo que más sobrecoger de este poema es esa insatisfacción vital de los personajes hasta que se produce el reencuentro, cuando la vida les ha vuelto a unir después de infinidad de experiencias y que al mismo tiempo han significado para ambos una total insatisfacción. Sólo el recuerdo de ese amor perdido los ha mantenido esperanzados y vivos.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Mi muchacha salvaje

Mi muchacha salvaje, hemos tenido 1
que recobrar el tiempo 2
y marchar hacia atrás, en la distancia 3
de nuestras vidas, beso a beso, 4
recogiendo de un sitio lo que dimos 5
sin alegría, descubriendo en otro 6
el camino secreto 7
que iba acercando tus pies a los míos, 8
y así bajo mi boca 9
vuelves a ver la planta insatisfecha 10
de tu vida alargando sus raíces 11
hacia mi corazón que te esperaba. 12
Y una a una las noches 13
entre nuestras ciudades separadas 14
se agregan a la noche que nos une. 15
La luz de cada día, 16
su llama o su reposo 17
nos entregan, sacándolos del tiempo, 18
y así se desentierra 19
en la sombra o la luz nuestro tesoro, 20
y así besan la vida nuestros besos: 21
todo el amor en nuestro amor se encierra: 22
toda la sed termina en nuestro abrazo. 23
Aquí estamos al fin frente a frente, 24
nos hemos encontrado, 25
no hemos perdido nada. 26
Nos hemos recorrido labio a labio, 27
hemos cambiado mil veces 28
entre nosotros la muerte y la vida, 29
todo lo que traíamos 30
como muertas medallas 31
lo echamos al fondo del mar, 32
todo lo que aprendimos 33
no nos sirvió de nada: 34
comenzamos de nuevo, 35
terminamos de nuevo 36
muerte y vida. 37
Y aquí sobrevivimos, 38
puros, con la pureza que nosotros creamos, 39
más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos, 40
eternos como el fuego que arderá 41
cuanto dure la vida. 42

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