Canto de los Hijos en Marcha, Andrés Eloy Blanco

Un soldado se dirige su madre. Escribe siendo consciente de que puede morir en batalla, en la lucha. En caso de que ocurra no quiere que use los servicios de una funeraria. No quiero un velatorio y entierro tristes. No quiere que lloren por él y tampoco quiere que lo velen. No quiere que tapen su rostro y no quiere las tradiciones de la mortaja, ni que la familia sufra. Hay un final circular de la estrofa porque no quiere que todo se centre en una ceremonia triste y donde todos sufran.

Quiere personas que hablen de amor, de la alegría de la vida. Quiere flores de colores, no coronas. Quiere música clásica y que el hogar se llene de aromas, que todos sacien la sed con vino y que él esté de cuerpo presente. El soldado quiere flores. Quiere tener un tiempo con sus hermanos, como cuando hablaban todos y tomaban decisiones.

No quiere que su madre lo deje sólo. Quiere estar con ella hasta el último momento. Tampoco quiere que lo lleven al cementerio en coche fúnebre de caballos. No quiere ser más que nadie porque no siente que lo sea. Si no hay más remedio, prefiere que sean caballos jóvenes, porque son más indomables y buscan la libertad, como él. Para él sería como volver a la vida, como si nunca hubiera muerto. Lo importante es la vida, no la muerte, su muerte.

Si muere en el campo de batalla, quiere que manden su cuerpo a su madre. Que sea recibido por su familia y seres queridos. Desea que lo lleven en un armazón para cabalgaduras, en las que transportaban cosas delicadas en aquella época, y que le pongan plantas aromáticas y especias (esto último seguramente para que el olor de la muerte no se note). Quiere descansar en un cementerio sencillo.

Cuando ya su cuerpo sea solo huesos, quiere que lo entierren definitivamente junto a la tumba del padre. También desea que su madre, cuando muera, la entierren junto a él. Para que el dolor y el sufrimiento de la madre sea menor, le pide que guarde un mechón de su cabello y su sangre para que lo tenga presente siempre y lo recuerde como si estuviera vivo.

El soldado le pide a la madre que hable de su muerte a todos los conocidos y a los que no y les diga que él murió por aquellos que no tienen nada. Desea ser enterrado con un pañuelo empapado por las lágrimas de la madre, para sentir su recuerdo cerca siempre y sentir a su madre aunque él esté muerto.

Quiere que mantenga su recuerdo vivo y que las mujeres sepan quien fue, el buen hijo que tuvo y todo el amor que daba. Pero sobre todo, desea que haya justicia sobre su muerte, que no quede impune lo sucedido. Quiere que lo recuerden los domingos, que lo visiten y no se olviden de dejar flores alegres. Que recuerden su nombre, su hogar. Quiere que su muerte tenga sentido y que el pueblo sea libre.


Nota de Susana Marín. Ago. 2015

Poema original: Canto de los Hijos en Marcha

Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras;
que no vengan todos a pasar la noche
rumiando pesares, mientras tú me lloras;
que no esté la sala con los cuatro cirios
y yo en una urna, mirando hacia arriba;
que no estén las mesas llenas de remedios,
que no esté el pañuelo cubriéndome el rostro,
que no venga el mozo con la tarjetera,
ni cuelguen las flores de los candelabros
ni estén mis hermanas llorando en la sala,
ni estés tú sentada, con tu ropa nueva.
Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras.

Lléname la casa de hombres y mujeres
que cuenten el último amor de su vida;
que ardan en la sala flores impetuosas,
que en dos grandes copas quemen melaleuca,
que toquen violines el sueño de Schuman;
los frascos rebosen de vino y perfumes;
que me miren todos, que se digan todos
que tengo una cara de soldado muerto.

Lléname la casa
de flores regaladas, como en una selva.
Déjame en tu cuarto, cerca de tu cama;
con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;
tenme de la mano, tenme de los labios,
como aquella noche de mi padre muerto,
y al cabo, dormidos iremos quedando,
uno con su muerte y otro con su sueño.

Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros,
con sus dos caballos gordos y pesados,
como de levita, como del Gobierno.

Que si traen caballos, traigan dos potrillos
finos de cabeza, delgados de remos,
que vayan saltando con claros relinchos,
como si apostaran cuál llega primero.
Que parezca, madre,
que voy a salirme de la caja negra
y a saltar al lomo del mejor caballo
y a volver al fuego.
Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros.

Madres, si me matan,
y muero en los bosques o en mitad del llano,
pide a los soldados que te den tu muerto;
que los labradores y las labradoras
y tú y mis hermanas, derramando flores,
hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo;
que con unos juncos hagan angarillas,
que pongan mastranto y hojas y cayenas
y que así me lleven hasta un cementerio
con cerca de alambres y enredaderas.
Y cuando pasen los años
tráeme a mi pedazo, junto al padre muerto
y allí, que me pongan donde a ti te pongan,
en tu misma fosa y a tu lado izquierdo.
Madre, si me matan,
pide a los soldados que te den tu muerto.

Madre, si me matan, no me entierres todo,
de la herida abierta sácame una gota,
de la honda melena sácame una trenza;
cuando tengas frío, quémate en mi brasa;
cuando no respires, suelta mi tormenta.
Madre, si me matan, no me entierres todo.

Madre, si me matan,
ábreme la herida, ciérrame los ojos
y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo
y esa pobre mano por la que me matan,
pónmela en la herida por la que me muero.

Llora en un pañuelo que no tenga encajes;
ponme tu pañuelo
bajo la cabeza, triste todavía
por las despedida del último sueño,
bajo la cabeza como casa sola,
densa de un perfume de inquilino muerto.

Si vienen mujeres, diles, sin sollozos:
-¡Si hablara, qué lindas cosas te diría!
Ábreme la herida, ciérrame los ojos...

Y una palabra: JUSTICIA
escriban sobre la tumba
Y un domingo, con sol afuera,
vengan la Madre y las Hermanas
y sonrían a la hermosa tumba
con nardos, violetas y helechos de agua
y hombres y mujeres del pueblo cercano
que digan mi nombre como de su casa
y alcen a los cielos cantos de victoria,
Madre, si me matan.
(Mayo de 1929).