Trilce, César Vallejo

El poeta parece que nos habla del futuro, algo imposible de alcanzar, pero también podemos interpretarlo como la imposibilidad de ser conscientes de la realidad que nos rodea. Incluso, si somos conscientes de ella, sentimos que no es real. Todos nos movemos teledirigidos, programados para hacer lo mismo y la vida nos ofrece la realidad, otra opción, otro camino vital en todo momento.

El poeta ha sido capaz de reconocerla en algunos momentos, pero se le ha escapado. A esa realidad sólo se llega con renuncia y dejando todo atrás, para empezar de nuevo. El ocaso es la irrealidad constante de momentos reales, presente. El poeta se da cuenta de que vivimos una vida que no es la que realmente deseamos.

Cuando nos enfrentamos a la realidad, a nosotros mismos, la apartamos para no caer en la tristeza, para darnos cuenta de que otro camino, otra vida es posible. Si cerramos las puertas, si nos negamos a avanzar, dejamos de ser nosotros. Por mucho que queramos, la puerta nunca se cierra del todo. El final del poema es circular y en él nos expresa que él sabe de lo que habla porque lo ha sentido.

La idea de si lo que nos rodea es realidad, es sueño, es una constante en la literatura a lo largo de los siglos. Ya sea a de manera narrativa, poética, teatral, etc., esta idea se nos presenta en muchos textos con una relevancia significativa. Si bien es cierto que la realidad es algo que tenemos frente a nosotros, muchos autores se preguntan si esto que vivimos, queremos y sentimos, realmente es lo que queremos hacer, es lo que queremos ver y reconocer, o es una pantalla o una cortina de humo que nos ponemos frente a nosotros para no evolucionar, para no cambiar.

En este caso el poeta se enfrenta a varias opciones, destacando entre ellas la de quienes aceptan la realidad tal cual es, la que nos muestra una opción diferente pero la apartamos de nosotros porque implica un cambio profundo en todo lo que hasta ese momento habíamos recorrido, nuestro camino y también la opción del cambio, la de evolucionar en otra dirección. El poeta no sugiere ninguna pero sí que él toma la de aceptar la vida como le ha venido y no ver más allá de lo que tiene. Es una forma de verlo muy conformista.


Nota de Susana Marín. Feb. 2015

Poema original: Trilce

Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos,
adonde nunca llegaremos.

Donde, aun si nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.

Es ese sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.

Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.

Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.

El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquiera parte.

Mas el lugar que yo me sé,
en este mundo, nada menos,
hombreado va con los reversos.

?Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. ?¿Está?? No; su hermana.

?No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
do van en rama los pestillos.

Tal es el lugar que yo me sé.