Romería, César Vallejo

Cuando nos adentramos en este poema, al principio tenemos la sensación de que nos habla de una celebración, de una festividad en la que la gente participa junta y reunida. Esto es lo que nos puede hacer perder la intención del poeta. En este caso hay que releer varias veces el poema para reinterpretarlo y darnos cuenta de que lo que realmente está describiendo es de la guerra.

Cuando tenemos esta visión del poema nos encontramos que el poeta se introduce en la piel de un soldado y nos muestra, a través de sus ojos, lo que le rodea. Así podemos interpretar que, en la primera estrofa del poema, nos sitúa a este junto a otros compañeros que se van moviendo hacia la batalla pálidos, con miedo y, seguramente con la piel blanca por una falta de alimentación. Ha renunciado a la vida, van camino de la muerte y esto no conlleva ningún premio, ese algo dulce que poder disfrutar.

Siguen caminando y van dejando cadáveres atrás. Estos fueron víctimas de la batalla, algunos muertos por la misma y otros por enfermedades. Lo que sí está claro es que lo que los iguala a todos es que a la hora de la muerte todo será oscuridad, rigidez y, la acumulación de los mismos en el campo de batalla, da una imagen como de ondulación, como de ola un tanto terrorífica.

El poeta, en la tercera estrofa se dirige a la amada, como si estuviera escribiendo una carta en tiempo real, situándose el mismo en una especie de defensa que es únicamente un montón de tierra y que es lo mínimo que le separa de la vida y de la muerte. Siente que su fin está cerca y ve cerca la posibilidad de que la muerte se cierna sobre él.

El, como soldado, ve a otro que está destrozado, herido y moribundo. Sin embargo muestra su mejor sonrisa, lo único que se acerca a la felicidad, momentos antes de morir. Es una visión terrible de un soldado, de lo que el poeta considera un héroe en la batalla que muere con el peor de los semblantes. El poeta siente que se muere también y su camino terminará en ese lugar.


Nota de Susana Marín. Feb. 2015

Poema original: Romería

Pasamos juntos. El sueño
lame nuestros pies qué dulce;
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.

Pasamos juntos. Las muertas
almas, las que, cual nosotros,
cruzaron por el amor,
con enfermos pasos ópalos,
salen en sus lutos rígidos
y se ondulan en nosotros.

Amada, vamos al borde
frágil de un montón de tierra.
Va en aceite ungida el ala,
y en pureza. Pero un golpe,
al caer yo no sé dónde,
afila de cada lágrima
un diente hostil.

Y un soldado, un gran soldado,
heridas por charreteras,
se anima en la tarde heroica,
y a sus pies muestra entre risas,
como una gualdrapa horrenda,
el cerebro de la Vida.

Pasamos juntos, muy juntos,
invicta Luz, paso enfermo;
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.