El poeta a su amada, César Vallejo

El poeta siente que cada beso de la amada es un beso de entrega total, como Jesús se entregó a la Cruz, pero también la sensación de que la muerte está cerca. Cuando uno es consciente de la certeza de la muerte, por un lado lo vemos como algo triste y podemos sonreír a la vida.

También somos conscientes de nuestra humanidad y de que el final del camino es algo cierto, posible y real. El poeta expresa a su amada que el tiempo para dejar atrás lo triste, lo amargo y los besos, aunque más viejos, seguirá siendo besos, aunque la muerte esté cercana. El poeta desea morir a su lado, junto a ella, como una sola alma.

Como podemos observar, estamos ante un nuevo poema en el que la cercanía de la muerte, el final de nuestro camino vital, es algo real para el poeta. Sin embargo, a diferencia de otros, hay una mujer a su lado, una pareja a la que quiere y con la que debe llevar bastante tiempo. Siente que es su alma gemela, siente que es la persona con la que ha compartido y comparte su camino desde hace mucho y desea terminar lo a su lado y, si es posible, juntos.

Para el poeta, la máxima expresión del amor que siente hacia ella, es que, por mucho tiempo que pasen, desea sentir el sabor de sus labios en los suyos. Además, hay algo importante en el hecho de ser conscientes de que la muerte está cerca, porque no se mira de una manera negativa en este poema. Esa certeza de la muerte les hace creer más, vivir su vida de manera más intensa y, sobre todo, juntos y con amor.

El deseo de acabar su vida junto a ella es algo que lo expresa de una manera natural, sin resentimiento. Es únicamente el deseo de una persona que ama con toda su corazón a la persona con la que vive y de la que se siente correspondido de la misma manera. Por eso el hecho de poder morir juntos es algo que no se convierte en una obsesión, sino en algo que parece natural entre dos personas que han unido sus vidas en un mismo camino.


Nota de Susana Marín. Feb. 2015

Poema original: El poeta a su amada

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.