Las Manos de Mi Madre, Alfredo Espino

Otra de las temáticas utilizadas en la poesía es la descripción de una persona querida o amada, ya sea familiar, aparejada, etc., a través de una parte de su cuerpo. Normalmente suele utilizarse el cabello, algunas de las partes de la cara, las manos y también los pies. En este caso el poeta utiliza las manos como imagen recurrente del recuerdo de la madre.

Las manos, imagen representativa de la madre, expresan todo el cariño y el cuidado que recuerda el poeta. Son la santificación de esa persona. Lo dan todo a cambio de nada. Están en la alegría, en el dolor y son sabias consejeras. Las manos son el alivio fresco en la tristeza y un punto de apoyo para volver a iniciar un camino. Son la paz y eliminan la negatividad que nos rodea.

El amor de madre es el único sentimiento sincero para el poeta. Siente sus manos como si las que una santa se tratarán. Cuando la incertidumbre o tristeza anidan en el poeta, el recuerdo de su madre le da fuerzas. La imagen presente de las manos acaba con todo lo negativo haciendo que el amor llene todo lo que rodea al poeta y, al mismo tiempo, sus sentimientos sean mucho más positivos.

No sólo estamos ante una imagen de una madre protectora, amorosa, etc. Sino que estamos ante una santificación no sólo del familiar, sino de una parte de su cuerpo, en este caso las manos, que parecen casi como un elemento de adoración y física del poeta. En ningún momento se nos describe físicamente a la madre. Únicamente nos acerca a ella a través de las extremidades superiores.

Es por ello que la madre pasa de ser algo físico para convertirse en algo casi espiritual. Está presente en la vida del poeta de una manera importante, este presente o no. Su madre, a través de las manos cura todas sus dolencias y él, en correspondencia, ama y adora a su progenitora con una fuerza y sentimiento religioso. Es un amor y devoción tan grande hacia su figura que casi parece irreal e incluso parece que, en cualquier momento, podría realizar un milagro que sorprendiese al lector.


Nota de Susana Marín. Nov. 2014

Poema original: Las Manos de Mi Madre

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!