Heces, César Vallejo

Hoy es un día triste que ronda el poeta y se mezcla con la tristeza interior. No desea vivir. El poeta se debate entre la pena y la felicidad por una mujer. Se ha portado mal con su amada y ha sido ingrato con ella. Todo lo bueno, la belleza que rodeaba la relación lo destruyó él y la relación ha terminado.

Siente que la noche ha entrado en su corazón. Ella está mal, pero ha encontrado consuelo en otro amor y esto es algo que le duele todavía más al poeta. Hay un final circular por el que el poeta vuelve a decirnos que él mismo ha sido la causa de la ruptura, que está dolido y, finalmente, quiere desaparecer.

Todo el poema es un arrepentimiento del poeta por lo sucedido. Sin embargo en ningún momento nos habla de cuáles han sido las circunstancias, cual ha sido el motivo por el que le ha hecho daño. Lo que sí está claro es que la relación ha terminado, que ella está dolida y, no hay vuelta atrás.

El poeta parece que quiere sentirse mal, quiere que el dolor anide en su corazón. Incluso parece que ha provocado de manera consciente que la relación se rompiera sabiendo cuáles serían las consecuencias de este hecho, del acto en sí. Sin embargo, esto le ha provocado una sensación de amargura peor de lo que pensaba y no es capaz de superar la marcha de la amada.

Cuando leemos el poema sentimos que no hay posibilidad de vuelta atrás, no da opción por lo terrible de los sentimientos, por la pena de la amada y al mismo tiempo, la determinación de abandonarlo. Al mismo tiempo hay un ocultamiento de lo sucedido, que debe ser muy grave por la sensación de culpabilidad del poeta en todo momento.

Si la motivación era hacer a daño su amada para que esta se marchara lo consiguió, pero al mismo tiempo creó una sensación de negatividad en su vida en la que se mezclan, por un lado, la sensación de arrepentimiento por el mal realizado y, al mismo tiempo, de que el hecho en sí tenía que suceder de una manera u otra.


Nota de Susana Marín. Feb. 2015

Poema original: Heces

Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!