Elegía humilde, Yolanda Bedregal

Un auto ha arrollado a la vieja sirvienta1
¡La pisó como una hoja!2
Era una flor del campo, toronjil, yerbabuena.3

En la casa hubo duelo4
por su muerte de plata.5

Esta mujer oscura de noble cepa aymara6
endulzaba la vida de seres y de cosas.7

Llena está nuestra infancia de su imagen8
de Mamita Copacabana;9
debajo de su manta de castilla10
siempre traía la sorpresa11
de frutas, empanadas o juguetes.12

¡Ay dulce abuela nuestra13
de las macetas y del canario!14

Tendida en su mortaja,15
con unción le besamos las santas manos toscas16
quietas por fin del cotidiano afán.17
Parecían avergonzadas del reposo;18
dos angelitos blancos bajaron a cubrirlas.19

Su nombre era Mama-Usta, y nada más.20
Las hadas humildes sólo tienen un nombre21
pero es varita mágica de gracia y bendición.22

De la mano llevaba a mi padre a la misa;23
la conocieron los abuelos y bisabuelos.24
Era lazo entre el ahora y lo perdido.25

Todo lo daba, todo, su bondad y su alegría,26
el cobre de la dádiva, el óleo del consuelo.27

Cual sombra milagrosa28
colmaba de manjares la olla de cada día,29
y con agua y con sol daba celajes30
a los visillos y manteles.31
Ella prendía el fuego del hogar.32

Un auto la ha matado. ¡Ay, Dios mío!33
Su frente estaba herida34
y su cuerpo, nunca tocado,35
salpicado de barro.36

Cuando llegaba al cielo,37
con un solo zapato, la falda desgarrada38
un coro de jilgueros le cantaba aleluyas.39

Con humilde inocencia, debió de imaginar40
que era fiesta pascual para nosotros.41
-¿Como para ella el aleluya?42
¿Como para ella nuestro llanto?-43

Sencilla y limpia entró en la gloria44
cuidando todavía la canasta45
para la cena de hoy.46

Nuestra Mama Usta ha muerto.47

¡Ay canario, ay macetas, patio y agua!48

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