Declaración de Amor, Efraín Huerta

1

Ciudad que llevas dentro 1
mi corazón, mi pena, 2
la desgracia verdosa 3
de los hombres del alba, 4
mil voces descompuestas 5
por el frío y el hambre. 6

Ciudad que lloras, mía, 7
maternal, dolorosa, 8
bella como camelia 9
y triste como lágrima, 10
mírame con tus ojos 11
de tezontle y granito, 12
caminar por tus calles 13
como sombra o neblina. 14

Soy el llanto invisible 15
de millares de hombres. 16
Soy la ronca miseria, 17
la gris melancolía, 18
el fastidio hecho carne. 19
Yo soy mi corazón 20
desamparado y negro. 21

Ciudad, invernadero, 22
gruta despedazada. 23

1

Bajo tu sombra, el viento del invierno 24
es una lluvia triste, y los hombres, amor, 25
son cuerpos gemidores, olas 26
quebrándose a los pies de las mujeres 27
en un largo momento de abandono 28
—como nardos pudriéndose. 29
Es la hora del sueño, de los labios resecos, 30
de los cabellos lacios y el vivir sin remedio. 31

Pero si el viento norte una mañana, 32
una mañana larga, una selva, 33
nos entregara el corazón deshecho 34
del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad, 35
el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso, 36
de una tierra sin vida? 37
Porque yo creo que el corazón del alba 38
en un millón de flores, 39
el correr de la sangre 40
o tu cuerpo, ciudad, sin huesos ni miseria. 41

Los hombres que te odian no comprenden 42
cómo eres pura, amplia, 43
rojiza, cariñosa, ciudad mía; 44
cómo te entregas, lenta, 45
a los niños que ríen, 46
a los hombres que aman claras hembras 47
de sonrisa despierta y fresco pensamiento, 48
a los pájaros que viven limpiamente 49
en tus jardines como axilas, 50
a los perros nocturnos 51
cuyos ladridos son mares de fiebre, 52
a los gatos, tigrillos por el día, 53
serpientes en la noche, 54
blandos peces al alba; 55
cómo te das, mujer de mil abrazos, 56
a nosotros, tus tímidos amantes: 57
cuando te desnudamos, se diría 58
que una cascada nace del silencio 59
donde habitan la piel de los crepúsculos, 60
las tibias lágrimas de los relojes, 61
las monedas perdidas, 62
los días menos pensados 63
y las naranjas vírgenes. 64

Cuando llegas, rezumando delicia, 65
calles recién lavadas 66
y edificios—cristales, 67
pensamos en la recia tristeza del subsuelo, 68
en lo que tienen de agonía los lagos 69
y los ríos, 70
en los campos enfermos de amapolas, 71
en las montañas erizadas de espinas, 72
en esas playas largas 73
donde apenas la espuma 74
es un pobre animal inofensivo, 75
o en las costas de piedra 76
tan cínicas y bravas como leonas; 77
pensamos en el fondo del mar 78
y en sus bosques de helechos, 79
en la superficie del mar 80
con barcos casi locos, 81
en lo alto del mar 82
con pájaros idiotas. 83

Yo pienso en mi mujer: 84
en su sonrisa cuando duerme 85
y una luz misteriosa la protege, 86
en sus ojos curiosos cuando el día 87
es un mármol redondo. 88
Pienso en ella, ciudad, 89
y en el futuro nuestro: 90
en el hijo, en la espiga, 91
o menos, en el grano de trigo 92
que será también tuyo, 93
porque es de tu sangre, 94
de tus rumores, 95
de tu ancho corazón de piedra y aire, 96
de nuestros fríos o tibios, 97
o quemantes y helados pensamientos, 98
humildades y orgullo, mi ciudad. 99

Mi gran ciudad de México: 100
el fondo de tu sexo es un criadero 101
de claras fortalezas, 102
tu invierno es un engaño 103
de alfileres y leche, 104
tus chimeneas enormes 105
dedos llorando niebla, 106
tus jardines axilas la única verdad, 107
tus estaciones campos 108
de toros acerados, 109
tus calles cauces duros 110
para pies varoniles, 111
tus templos viejos frutos 112
alimento de ancianas, 113
tus horas como gritos 114
de monstruos invisibles, 115
¡tus rincones con llanto 116
son las marcas de odio y de saliva 117
carcomiendo tu pecho de dulzura! 118

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