Comunión, César Vallejo

El poeta siente que, en comparación con la virgen, nunca podrá tener su pureza por la vida que él ha llevado. Describe los cabellos de la virgen y siente que es la luz que está dentro del poeta, es lo que le de la vida y la que ha hecho que pueda reencontrar su camino vital. El color de su piel, rosado, es señal de bondad, de escudo frente al demonio.

La madre de Jesús, algo inalcanzable para el poeta. La virgen alimenta su alma y más al saber que su hijo murió crucificado por todos nosotros. Los pies desnudos de la virgen, símbolo de humildad, son también la representación del sufrimiento de ella por nosotros. La conversión del poeta se produjo un domingo de Ramos, al comulgar, al sentirse en comunión con Dios.

En este poema, el poeta nos habla de un cambio radical en su camino vital, de como un acto tan sencillo como el comulgar, le abrió su corazón a algo que no había encontrado hasta ese momento. La fe, en este caso en forma de la virgen, llegó a su corazón y es ella la que mueve su vida, la que le ha hecho sentir y hacer mejor persona.

El poeta se sincera con el lector y le dice que no es digno de la virgen porque su vida no ha sido la mejor. Sin embargo, podemos observar que de manera sincera se entrega a su fe, al amor hacia la virgen y como esta va llenando de luz cada uno de sus pasos, cada momento de su vida, sin hacerle dejar de ser quienes, con sus defectos y con sus virtudes.

Cuando comulga siente que la virgen, que Dios está su lado y este hecho ha sido algo esencial en su camino vital. Es como si se hubiera sentido perdido hasta ese momento y, gracias a este encuentro, se siente más feliz, más lleno y, sobre todo, su fe se ha vuelto inquebrantable, sincera y, como no podía ser de otra manera, parte desde lo más profundo de su alma. Para el, la virgen es lo más grande que pueda haber por ser quien es y por ser la madre de Jesús. Su sacrificio lo ha marcado y por eso tiene presente esa imagen.


Nota de Susana Marín. Feb. 2015

Poema original: Comunión

Linda Regia! Tus venas son fermentos
de mi no ser antiguo y del champaña
negro de mi vivir!

tu cabello es la ignota raicilla
del árbol de mi vid.
tu cabello es la hilacha de una mitra
de ensueño que perdí!

Tu cuerpo es la espumante escaramuza
de un rosado Jordán;
y ondea, como un látigo beatífico
que humillara a la víbora del mal!

Tus brazos dan la sed de lo infinito,
con sus castas hespérides de luz,
cual dos blancos caminos redentores,
dos arranques murientes de una cruz.
Y están plasmados en la sangre invicta
de mi imposible azul!

Tus pies son dos heráldicas alondras
que eternamente llegan de mi ayer!
Linda Regia! Tus pies son las dos lágrimas
que al bajar del Espíritu ahogué,
un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
ya lejos para siempre de Belén!