Avestruz, César Vallejo

El poeta vive como el avestruz, sumido en la melancolía y, con la cabeza baja, esconde el rostro como la cabeza de los avestruces en el suelo, cuando hay peligro. El poeta quiere dejar atrás los miedos, el dolor, la melancolía y que esta deje de quitarle su energía, la vida.

Quiere recuperar la esperanza y creer en algo nuevo. Es consciente de la cercanía de la muerte, pero desea vivir el tiempo que le quede tranquilo. Quiere dejar atrás lo negativo. Sabe que es mayor, pero tiene tiempo de extraer lo mejor de la vida, incluso de volver a enamorarse, de sentir el amor otra vez.

La cercanía de la muerte provoca una catarsis en el poeta por el que, por una parte se da cuenta del tiempo perdido hasta ese momento, de cómo se ha conformado de tal manera que, por miedo a cambiar, no aprovechado todo lo que podría haberlo hecho en su vida. Por otro lado, esa misma catarsis ha provocado que el poeta tome la decisión de cambiar su camino vital y, con decisión, aprovechar el poco tiempo que le queda y disfrutar de todo aquello que desee, encontrar de las experiencias vitales que lo llenen.

Como no podía ser de otra manera, el amor llama constantemente a la puerta de las personas y somos nosotros los que dejamos que entre o no. En este caso el poeta, del que desconocemos su vida amorosa, siente que quiere también vivir nuevamente esa experiencia. Es consciente de que no está en su etapa de juventud, que está en la última etapa de su vida y, sin embargo, quiere volver a tener esa experiencia, quiere volver a vivir una vida plena en la que es posible que encuentre el amor.

Es por ello que este poema nos habla del cambio que se produce después de dejar atrás los miedos, de renunciar a seguir viviendo una vida triste, gris y que no le aporta nada. De esta forma, afronta esa última etapa de su vida con libertad, con energía y, de alguna manera, con la felicidad de que todo es posible, de que el descubrimiento de algo nuevo está a cada paso que damos en nuestra vida, en nuestro camino.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Avestruz

Melancolía, saca tu dulce pico ya; 1
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz. 2
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales 3
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul! 4

No acabes el maná de mujer que ha bajado; 5
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz, 6
mañana que no tenga yo a quién volver los ojos, 7
cuando abra su gran O de burla el ataúd. 8

Mi corazón es tiesto regado de amargura; 9
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él... 10
Melancolía, deja de secarme la vida, 11
y desnuda tu labio de mujer...! 12

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