Acaso…, Antonio Machado

Los poemas dedicados a una estación del año suelen ser también habituales en muchos de los textos de poetas. La primavera y el otoño son las estaciones preferidas a la hora de expresar los sentimientos más íntimos. La primavera, obviamente, por la explosión de color y el otoño por qué es el final del verano, antesala del invierno, y también una estación en la que además de tener unos colores en cuanto a paisaje muy hermosos, la temperatura y, sobre todo los días más cortos, hacen que el juego poético sea mucho mejor.

En este caso, la primavera impacta al poeta y le aleja de cualquier otro pensamiento. La flora brota y todo lo llena esta estación. El sol, con toda su fuerza sale y, personificado en Cupido con sus flechas doradas, lanza sus dardos. La luminosidad lo abarca todo. Para el poeta es algo nuevo, increíblemente hermoso.

Sin embargo, encontramos una contradicción ya que el poeta siente que la primavera, el amor parece que ya es tarde para que llegue a su encuentro. Sin embargo, al mismo tiempo desea querer, amar, enamorarse. El poeta siente que pase el tiempo que pase, siempre puede aparecer esa persona que nos haga volver a sentir.

La búsqueda del amor es una constante en la poesía tanto actual como pasada y, seguramente en un futuro seguirá habiendo ese tipo de temática a través de otros autores. Lo que destaca en este texto es una constante que hay en muchos poetas de la búsqueda del amor y, sobre todo, el paso por un momento de sensación de pérdida, de conciencia de que el camino vital que se ha recorrido los excluye de encontrar el amor verdadero.

Sin embargo, el mismo poeta que escribe, adopta una postura, en la mayoría de las ocasiones, de esperanza y de poder encontrar esa persona con la que enamorarse, en muchas ocasiones más joven que él o con una trayectoria vital parecida a la suya, con lo que la relación que los unirá, además de íntima, sería de aceptación mutua. Lo que está claro es que la temática del amor, ya sea su pérdida, encuentro o búsqueda, como no podía ser de otra manera, no se acabará.


Nota de Susana Marín.
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Poema original: Acaso…

Como atento no más a mi quimera 1
no reparaba en torno mío, un día 2
me sorprendió la fértil primavera 3
que en todo el ancho campo sonreía. 4

Brotaban verdes hojas 5
de las hinchadas yemas del ramaje, 6
y flores amarillas, blancas, rojas, 7
alegraban la mancha del paisaje. 8

Y era una lluvia de saetas de oro, 9
el sol sobre las frondas juveniles; 10
del amplio río en el caudal sonoro 11
se miraban los álamos gentiles. 12

Tras de tanto camino es la primera 13
vez que miro brotar la primavera, 14
dije, y después, declamatoriamente: 15

¿¡Cuán tarde ya para la dicha mía!? 16
Y luego, al caminar, como quien siente 17
alas de otra ilusión: ?Y todavía 18
¡yo alcanzaré mi juventud un día! 19

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