Pequeñas Guerras Diarias, Sofía Valentina Morales

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Amanece y el peso del mundo me llama,1
se instala en mis hombros, reclama y reclama.2
Las cuentas, los plazos, la prisa insistente3
despiertan primero que el sol en mi frente.4

Me visto de calma, aunque tiemble el pulso,5
ordeno el desorden, disimulo el impulso.6
La rutina no espera que sane la pena,7
exige que avance, aunque arrastre cadena.8

A veces la angustia me cierra el aliento,9
como puerta oxidada que frena el intento.10
Entonces respiro, despacio, profundo,11
y vuelvo a pisar con firmeza el mundo.12

En calles repletas de pasos cansados13
veo rostros tensos, secretos guardados.14
Comprendo que todos batallan a solas15
contra sus mareas, sus propias olas.16

Hay días torcidos, de error repetido,17
de vaso quebrado, de ánimo herido.18
Las palabras se enredan, la paciencia se quiebra,19
como fina porcelana que nadie celebra.20

Mas dentro de mí hay una brasa encendida,21
una fe diminuta, pero decidida.22
Recuerda otras caídas, otros abismos,23
y cómo salí levantando mis mismos.24

La épica no vive solo en victoria,25
también en la diaria y pequeña historia:26
pagar lo pendiente, cumplir lo acordado,27
seguir aun cuando el ánimo ha claudicado.28

Al cerrar la noche, cansada y sincera,29
me nombro valiente sin falsa bandera.30
Porque en cada problema, simple y severo,31
forjo mi temple, callado y certero.32

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