Hermano, Sofía Valentina Morales
Nacimos bajo el mismo techo de tormentas,1
con el pan partido en mitades imperfectas,2
aprendiendo que el mundo era más grande3
que la mesa humilde donde apoyábamos los codos.4Fuiste rival de barro y guardián de mi herida,5
mi guerra pequeña, mi paz compartida.6
En tu risa brusca, tan franca y tan cierta,7
aprendí que el cariño no siempre es puerta abierta.8Compartimos secretos como si fueran monedas,9
tesoros sin brillo para ojos ajenos.10
En la penumbra del cuarto juramos lealtades11
que aún hoy sostienen mis días frágiles.12Recuerdo tus silencios cuando lloré a escondidas,13
tu torpeza intentando consolarme.14
No sabías qué decir, pero te quedaste,15
y eso fue más hondo que cualquier discurso.16Crecimos, y la distancia puso estaciones17
entre tu ventana y la mía.18
Sin embargo, al nombrarte, algo tibio19
regresa a latir bajo mi pecho.20Nos herimos también, como se hieren21
las raíces que luchan por el mismo suelo.22
Pero aprendí que la sangre no es cadena,23
es un hilo rojo que elige no romperse.24He comprendido que mi carácter indómito25
se templó en nuestras discusiones.26
Que mi firmeza lleva tu sombra,27
y mi ternura, tu torpe defensa.28Hermano, espejo primero de mi historia,29
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cuando el mundo me desconoce,30
pienso en la niña que fui a tu lado31
y encuentro, otra vez, mi nombre intacto.32
Firme con su comentario

