Arquitecto de la Vida, Martín Ezequiel Sosa

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Amanece y mi sombra madruga conmigo,11
como un perro fiel que no sabe traicionar;22
llevo el pan de mis sueños al hombro antiguo33
y un sol diminuto que me enseña a insistir y andar.44

Mis manos son mapas de tierra y espina,55
raíces que aprenden a no claudicar;66
cada callo es medalla que el tiempo ilumina,77
cada herida, semilla que vuelve a brotar.88

He sido martillo, tinta y sudor,99
he sido silencio en nave industrial;1010
y en cada tarea encontré mi valor1111
como un faro encendido en puerto desigual.1212

La dignidad no es traje ni voz engolada,1313
es sostener la mirada sin vender el temblor;1414
es la espalda erguida, jamás arrodillada1515
ante el oro fugaz que compra el honor.1616

Hubo inviernos de sueldo pequeño y vacío,1717
donde el frío mordía mi fe con rigor;1818
pero ardía en mi pecho un humilde brío1919
que encendía la noche con terco fulgor.2020

Soy obrero del día y del sueño futuro,2121
arquitecto de un nombre sin precio ni altar;2222
mi salario es la paz de saberme seguro2323
en la recta conciencia de no claudicar.2424

Trabajar es forjarse en un yunque invisible,2525
es pulir el carácter con férreo compás;2626
es amar con constancia tangible y sensible,2727
y cumplir aunque nadie te vea jamás.2828

Si algo tengo es esta bandera sencilla:2929
no me dobla la vida, me enseña a crecer;3030
porque el hombre se mide en la humilde semilla3131
que defiende su tierra con limpio deber.3232

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